miércoles 26 de diciembre de 2007

Después de Navidad

Días de familia, de idas y de venidas. A unos metros, mi sobrina canta con un micrófono que tiene música de fondo (gracias, Santa Claus, por traer a esta casa instrumentos de tortura en forma de juguete) y en una esquina del salón se acumulan cajas de regalos vacías, casi todas de los niños. Mi madre decía que, en Navidad, es un lujo tener a un niño en casa.
En estos días hubo noticias conmovedoras. El día veintidós es siempre una sucesión de cuentos de Navidad, y uno de mis pasatiempos favoritos es ver en televisión las escenas de celebración de los agraciados con un premio. Este año, mi preferida, la de un hombre que contaba que con el dinero del premio para evitar el embargo de su casa "esta mañana había venido el tasador del banco", contaba a quien quisiera oírlo, sin acabar de creer todavía el milagro de la Navidad.
La noticias amarga, la de esa madre que se suicidó la víspera de Nochebuena tras matar a sus dos hijas. La mujer sufría una depresión tras perder a su marido, y decidió acabar con todo llevándose por delante a las dos niñas. Nadie puede juzgar lo que ha hecho. Ninguno de nosotros está en condiciones de saber lo que pasó por la cabeza de esa persona, el infierno que tuvo que ser su vida para tomar una decisión tan espeluznante. Pero no dejo de pensar en esas niñas, que de haber vivido hubiesen encontrado, seguro, la forma de salir del drama y de aprender a ser felices.
La noticia frívola, Sarkozy y su nueva novia, la hermosa y terrible Carla Bruni. Que se ande con cuidado Nicolas. Ha caído en brazos de una de las más peligrosas depredadoras de hombres del siglo XXI. Justin, hija de Bernard Henry Levi, todavía no entiende como pudo seducir a su marido - el guapo y sofisticado Raphael Endhoven - delante de sus narices: se lo levantó en un solo fin de semana. Un día dije que me caía bien Cecilia Cigagnier, la ex de Sarko, y ahora confieso también mi debilidad por él, que fue capaz de cambiar el concepto de la derecha francesa, hacerla girar por completo y levantar el país para obligarle a mirarse a sí mismo, a encontrar una nueva dimensión del concepto de patriotismo. Hasta repopularizó la Marsellesa mientras su rival, Segolene, se limitaba a ir al rebufo de las iniciativas de otro líder para disimular s propio despiste. Quizá lo que Segolene no pudo lo va a lograr Carla, que es alta, delgada, hermosa y endiabladamente lista: debilitar a Sarko, sacar de él al hombre inerme que todos llevan dentro.
Ayer escuché la más hermosa y conmovedora de todas las noticias de estos días: el ex marido de Ingrid Betancourt ha lanzado sobre la selva colombiana diez mil fotos de los hijos de ésta, que lleva tres años sin verlos. Quiera la suerte, quiera el Dios de cualquier hombre, que alguna de esas fotos llegue a las manos de Ingrid. La imagen de sus hijos, de los que nada sabe y que ocupan, seguro, casi todos sus pensamientos, será para ella el mejor de los motivos para la lucha y para la esperanza.

viernes 21 de diciembre de 2007

De la ayuda al pesebre

Imagino que este post levantará ampollas entre los de siempre, pero qué le vamos a hacer. Hace dos días, una de las lectoras de mi blog me pedía que comentara una noticias leída en La Voz de Galicia, que hablaba de una reunión mantenida entre representantes de la Asociación de Escritores en Lingua Galega y de la Diputación Lucense, tras la cual el organismo público se comprometía a prestar respaldo"institucional e económico" a una asociación que representa a quienes emplean el gallego como vehículo de expresión. No asistí, es obvio, a esa reunión, y no sé de qué se habló ni en qué términos se fijó lo del dichoso respaldo. Si a eso unimos que conozco personalmente - y aprecio intelectualmente - a dos de los escritores presentes en la "xuntanza", la lectora entenderá que quiera aclarar que las siguientes líneas no van referidas al objeto de esta reunión en particular, ni a los proyectos de una Asociación a quien deseo toda la suerte del mundo, sino al tan traído y llevado tema de las ayudas institucionales a la cultura.

A nadie que me conozca un poco se lo oculta lo que opino de la cultura subvencionada: que suele desembocar en mediocridad y pesebrismo. En concreto, la literatura que necesita de protección pública tiene más bien poco futuro. La lectora que me enviaba este post me preguntaba si personas como yo no podíamos "parar esto". Pues, amiga, me temo que no. Primero, porque la cosa no empieza ayer, ni se inaugura con el binomio Touriño - Quintana. En nuestra tierra gallega, el proteccionismo cultural lo inventó el señor Perez Varela, que estaba convencido de que dando subvenciones y regalías a los abaixofirmantes iba a tenerlos contentos. Claro que don Jesús también se creía que Carmina Burana era una gran cantante de ópera. Pero ni la señora Burana era una diva del Bel Canto, ni los subvencionados iban a conformarse con unas cuantas becas y miles de libros en gallego pudriéndose en los almacenes de San Caetano.

Que Pérez Varela es un simple está más claro que el agua, y el pobre aún no se explica que los artistas galegos le liasen la del Nunca Mais, con lo bien que los trataba a todos el PP . La verdad es que hasta tiene gracia imaginar al exconselleiro lamentanto lo que él debe considerar traición e ingratitud. Sería interesante, en algunos casos hasta emotivo,cuantificar lo que recibieron entonces de la consellería de cultura del PP algunos de esos que me llaman a mí "feixista" por renegar públicamente del nacionalismo exacerbado, de la galleguidad excluyente, del patrioterismo de romería que pretende levantar una frontera máis aló de Pedrafita. Unos somos feixistas, y otros, que son progres y enrollados, viven de las arcas públicas desde la era de don Manuel, quien - a pesar de ser tan malísimo - trataba estupendamente bien a los intelectuales nacionalistas.

Yo jamás he obtenido ayudas oficiales, ni de éste ni de otros gobiernos, y no lo lamento en absoluto. Nunca se me denegó una beca, porque nunca la solicité, de la misma forma que nunca se me denegó una compra de libros. Mi relación profesional con la Xunta se reduce a la redacción de un proyecto de fomento de la lectura que se me solicitó oficialmente (y que, como no se llevó a cabo,ni siquiera cobré), y la participación en un viaje marítimo para promocionar el Xacobeo, cosa que hice de muy buen grado . Ahí empieza y acaba todo. A los que una vez me acusaron de resentimiento, poco resentida puede estar la persona a la que nunca se ha dicho que no. Si yo denuncio actitudes vergonzantes, si señalo con el dedo, es simplemente porque me asquean determinados comportamientos con el dinero público, y no porque quiera subirme a un carro que he dejado pasar de largo muchas veces, con la satisfacción del que ha aprendido a apañárselas por su cuenta.

Una vez dije que uno de los grandes problemas de la literatura en gallego - no de la literatura gallega - es que hay demasiados autores que venden más libros en los despachos de la Xunta que en las librerías. Eso no puede ser bueno. Ni para la literatura, ni para los cuartos de todos. De los presupuestos salen cada año cientos de miles de euros destinados a la compra de libros escritos en gallego normativo, alguno de los cuales son verdaderos bodrios que nunca hubiesen sido editados de no contar, de entrada, con una ayuda oficial. Ahora vendrá alguien a decir que también la editoriales publican libros malos en castellano, y es una verdad como un templo. La cuestión es que en este caso los dineros los pierde un señor particular. Si Planeta publica un libro que es una birria y no vende una escoba, palma la pasta el señor Lara. Si una editorial creada a tal efecto hace lo mismo con un libro escrito en gallego, la pasta la ponemos usted y yo.

Recuerdo la cara que se le quedó a mi amigo Rafael Reig cuando le conté que, por ley, la Xunta estaba obligada a comprar varios cientos de ejemplares del libro que relataba la fascinante biografía de la gallega de Cancún. "Venga, no fastidies. ¿Cómo van a hacer semejante majadería?" "Que sí, Reig. Que tú escribes un poemario sobre el bigote de las ranas, y si lo escribes en gallego normativo, la Xunta te compra unos cuantos". Rafael alucinaba. "Oye, pues ahí hay negocio". Y tanto que hay negocio, Rafael. Aunque, por fortuna, ni tú ni yo nos vamos a meter en ese berenjenal. Porque el día en que a mí me compre más libros un conselleiro que los lectores, yo me corto la coleta y me dedico a otra cosa. Porque soy escritora, no un mercader fenicio que lo mismo vende novelas que aceite de ricino. Porque los libros que yo escribo están hechos para que alguien los lea, no para que un director general los mande a morirse de risa a un sótano lleno de humedades.

Pregunta la lectora si podemos parar esto. Con toda la pena del mundo, tengo que contestarle que no. Y que el que intente hacerlo será insultado, vapuleado, difamado y defenestrado por aquellos que no conocen más libertad que la suya y más respeto a la cultura que el que les vale para calentar el puchero. La nave lleva tanto tiempo navegando por aguas podridas, que es posible que ni siquiera sepa hacerlo en un medio distinto.

El problema vendrá con las vacas flacas. El problema vendrá cuando se cierre definitivamente el grifo, y el "respaldo institucional e económico " se vaya a hacer puñetas por falta de presupuesto. Entonces nos daremos cuenta de que se ha creado un tejido cultural sin sustancia propia, regido por la cosa pública, ajeno al mercado y al arte con mayúsculas. Un sistema incapaz de sobrevivir por sí mismo y al margen de las ayudas oficiales. Un sistema cautivo del que ocupa el poder. Y, qué quieren que les diga, no se me ocurre una manera más triste de pervertir la cultura que la de convertirla en un pesebre. Y no precisamente en el del portal de Belén.

¿Parar esto? No. Podemos advertirlo, denunciarlo, hablar de ello, y hacer que otros hablen. Eso es todo. Y démonos con un canto en los dientes.

jueves 20 de diciembre de 2007

Cosas serias... y otras que no lo son tanto

Llueve en Madrid, hace frío, sopla el viento y la ciudad está imposible por el tráfico y el gentío. Esta mañana me cito con JJ Cheng, una amiga de la época de la Universidad a la que no veo desde hace quince años, pues vive en Los Ángeles. Nos hemos mantenido en contacto gracias al mail y a los amigos comunes, pero está en Madrid por negocios y nos citamos en el Palace para desayunar. Siempre he dicho que no hay mejor lugar para observar que el vestíbulo de un hotel, y mientras espero a JJ disfruto del espectáculo: una familia nórdica cuyas dos hijas, áltas y guapísimas, duermen en un sofá como dos bellas durmientes posmodernas; un ejecutivo japonés que discute con otro occidental en un inglés atravesado; un mensajero indio que intenta entregar un pedido cuyo destinatario nadie conoce; una famosa periodista del corazón que parece estar conspirando con un tipo de aspecto atrabiliario; un hombre mayor y muy guapo bebiendo champán a las once de la mañana... Me gustaría no tener nada más que hacer que arrellanarme en el sofá y ver pasar a la gente.
JJ llega enseguida. Miss Cheng es el perfecto ejemplo del "melting pot": china - taiwanesa, ciudadana americana, trilingüe - inglés, mandarín, español - y con un pasado plagado de novios latinos. Me enseña una foto de su último chico, Shaun, rubio y con los ojos azules "ya me cansé de los hispanos", dice, como disculpándose por lo que podría parece una traición.
JJ trabaja en el sector discográfico. Trabaja doce horas al día, vive en Hollywood y tiene una casa que está a hora y media en coche de su oficina, así que conduce tres horas diarias. En compensación, su casa de Santa Mónica tiene trescientos metros cuadrados y un jardín. Dice que echa de menos su vida en España, donde estuvo más de un año: "Tenía tiempo para todo, para salir, para cenar fuera, para ir al teatro y a conciertos... en Los Ángles tengo suerte si puedo ver a mi novio el fin de semana". Me habla de sus compromisos para 2008, y la sola visión de su calendario de viajes me produce vértigo. Quiere que le cuente todo sobre mis libros, y se compra un ejemplar de "Glamour" porque sale una foto mía. Luego, JJ me muestra una foto de sus perros, y yo a ella una de mis dos sobrinos. Ante la evidencia, las dos nos echamos a reír: "Ay, JJ, creo que hay algo que hemos hecho mal". El tiempo pasa rápido. Mi amiga de hace quince años tiene que tomar un avión a París, pero me hace prometer que la visitaré: "Los Ángeles es insoportable, pero Las Vegas queda cerca...". Dice que estoy igual que hace un siglo, y yo le digo - y es verdad - que ella está mejor. Nos despedimos con un abrazo, en el vestíbulo alborotado del Palace. A veces, un reencuentro con el pasado puede resultar de lo más apetecible.

Nota: en un post de ayer, alguien pedía mi opinión sobre lo de siempre. Prometo una pronta - y larga - respuesta.

martes 18 de diciembre de 2007

Lo que vale un euro, y otras bobadas prenavideñas.

Primera bobada: Ayer, en una cafetería, alguien dejaba unas monedas en el platillo de las propinas, y era rápidamente reconvenido por su acompañante "anda, recoge eso, que como te pille Solbes..."
Según el ministro de economía, la culpa de la crisis la tenemos nosotros, que "no hemos interiorizado lo que vale un euro". Vamos, que somos tontos del bote.
No me parece una frase propia de Pedro Solbes, que es un tipo cauto, sensato y poco dado a frivolidades. Pero esta vez, espoleado quizá por las circunstancias, ha dicho una chorrada como la copa de un pino.
El problema no es lo que vale el euro, sino lo que vale el pollo. No es la propina - miserable o no - sino que no se pueda tomar un café por menos de uno veinte, a no ser que uno se lo beba en donde lo toma Zapatero.

Segunda bobada: el otro día, un director general del actual gobierno nos animaba a pasar del pavo y el capón y consumir conejo, que al parecer está muy rico y alimenta mucho. Pues no estoy de suerte, porque no me gusta el conejo. Y menos me gusta que un señor que está ahí para hacer cuentas me diga lo que tengo que comer para luchar contra la crisis galopante. De eso a recomendar el puré de boniatos - que dicen que es mano de santo para llenarse con cuatro cucharadas -hay muy poco. O sugerir el consumo del turrón de cacahuete, ya que la almendra está tan cara.

Tercera bobada: el show de Gadafi, las jaimas en el pardo, la guardia pretoriana formada por mujeres vírgenes - ¿nada que comentar, amigas feministas? - y los coros y danzas. Es cierto que el líder libio se ha ido escorando hacia el civismo, pero siempre me pregunto qué dirán los familiares de los muertos de Lockerbie cuando aparece en las fotos tan bien tratado por los presidentes occidentales, de Sarkozy a Zapatero.

Cuarta bobada (que a lo mejor tiene una explicación que se me escapa): en mi última visita a Galicia, este fin de semana, veo una valla publicitaria de un supermercado que desea felices pascuas y recomienda vivir la Navidad "como galegos". ¿Alguien puede explicar cómo viven los gallegos la Navidad? Porque llevo treinta y siete años viviendo las Navidades en Galicia, y todavía no he encontrado el hecho diferencial navideño al que parece aludir el anuncio. No sé, a lo mejor tenemos que tomar fabas de Lourenza en lugar de las doce uvas, o sustituir las panderetas por la gaita... la verdad, no se me ocurre nada que explique el texto de marras, salvo la puñetera manía de crear exclusiones y particularidades que se extiende por mi tierra de un tiempo a esta parte.

lunes 17 de diciembre de 2007

El paso del tiempo

Ayer, de madrugada, volví a ver "Filadelfia", de Jonathan Demme. Por la película, y por la sociedad, han pasado casi veinte años y muchas cosas que - por fortuna - dejan el guión obsoleto´: un brillante abogado es despedido de una poderosa firma legal de Filadelfia por estar enfermo de sida, y se enfrenta con la ayuda de un abogado segundón a un juicio larguísimo y una dura campaña de desprestigio personal y profesional de la que sale victorioso.
Por fortuna, ya entrado el siglo XXI una discriminación como la que plantea la película sería mucho más escandalosa. También serían ridículos los recelos del abogado, que tras estrechar la mano de su posible cliente enfermo se plantea la posibilidad de un contagio. El mundo ha cambiado, y no siempre para mal. Hay más información sobre la enfermedad, y también una corriente de comprensión social. Si una empresa marginase a un trabajador por padecer el sida le caería encima no sólo todo el peso de la ley, sino también la peor campaña de marketing que pueda uno imaginar. También las condiciones de los enfermos han mejorado - sólo en el mundo occidental, claro. En África las cosas son bien distintas - y la mayoría de ellos llevan una vida casi normal. Uno de mis amigos lleva años conviviendo con el virus, y aunque tiene pautada una medicación, sus perspectivas son muy buenas.
Al volver a ver "Filadelfia" - qué banda sonora más magistral firmó para la peli Bruce Springsteen - a uno le cuesta creer que la cinta causase el impacto que causó. En su momento fue una historia valiente, arriesgada, que la gente veía tragando saliva. Era la primera vez que un cineasta se atrevía a desnudar la realidad de la peste del siglo XX. En literatura, el primero en hablar abiertamente del sida fue un escritor francés, Hervé Guibert, que publicó "Al amigo que no me salvó la vida", basado en sus experiencias como enfermo, y poco antes de morir, "El protocolo compasivo", sobre los primeros tratamientos experimentales que se daban a los infectados. Son dos obras duras, emocionantes... y, me temo, ya imposibles de encontrar. Por suerte, el dvd ha salvado "Filadelfia", y la volvía a ver ayer, disfrutándola como siempre. Pensé que esta película es como un cúmulo de buenos deseos.En ella se alumbra un mundo deseable de comprensión y prejuicios rotos; de padres que aman a los hijos por encima de todo; de amigos, de compañeros. De personas capaces de escuchar, de reconocer que se han equivocado. Capaces de cambiar, en definitiva. Es eso lo que hace evolucionar al mundo: el plantearse que otros puedan tener razón.

viernes 14 de diciembre de 2007

Cuando salgas de Cuba...

Prometí un post más largo después de varios días sin escribir. Quería comentar con vosotros las palabras de Javier Bardem en su visita a Cuba, pero antes de nada vaya por delante que admiro a JB como actor, por su talento y por la honestidad con la que ha manejado su carrera, buscando papeles que le consolidaran como actor en lugar de convertirle en una estrella comercial. Bardem llegó incluso a rechazar un trabajo con Spielberg por creer que no se ajustaba a lo que él quería hacer. Admiro a profesionales así, que tienen claro lo que quieren y cómo deben trabajar para conseguirlo.
Otra cosa es el Bardem ideólogo que se ha ido a Cuba a pedir procesamientos para Aznar, Bush y Blair, pero no ha dicho ni pío sobre la dictadura que maneja el país y a los cubanos. Es muy fácil ir al Gulag y poner a parir a Hitler. Pero, si uno de verdad los tiene bien puestos, en el gulag hay que hablar de Stalin. Lo otro es muy fácil, muy agradecido y muy poco arriesgado.
Conozco Cuba muy de cerca. He vivido su realidad - me podéis creer - mucho más cerca de lo que hubiera querido. Porque llegué allí pensando encontrar sólo ron de caña, pieles de melaza, música de boleros, tabaco y azúcar. "¡Son tan felices los cubanos con lo poco que tienen!", repiten, como una cantinela, los turistas de ocasión, que conocen de Cuba las playas de Varadero, los helados de Copelia y el daiquiri del Floridita. Pero hay mucho más. Hay niños con enfermedades cutáneas que van a quedar marcados de por vida por falta de una medicina que en España cuesta tres euros. Hay enfermos crónicos de migraña que sólo tienen dos aspirinas al mes, y que intentan curar el dolo de cabeza tomando un fresco que ni siquiera existe. Hay críos que se desmayan en el colegio porque no desayunan en casa, y otros que se agarran insolaciones de caballo en las plantaciones en dónde trabajan unos días en verano, para que aprendan a ser buenos revolucionarios y leales al gobierno. Las cárceles cubanas están llenas de insurgentes que van a prisión por el delito de pensar distinto, y de homosexuales a los que encierran por amar como les da la gana (¿te enteras, Zerolo?). Por las calles habaneras hay adolescentes en flor que follan con viejos a cambio de una cena y una ducha con jabón de olor en los hoteles de lujo, y niños que piden bolis a los turistas porque no tienen ni con qué hacer los deberes. Así que si vas a Cuba, Javier Barden, da un repaso a todas estas cosas, y guárdate las críticas a Bush para cuando vayas a Estados Unidos, que es la guarida de la bestia. Allí es dónde hay que dar el do de pecho. Espero, de corazón, que te entreguen el Globo de Oro al que te han nominado. Y también que, haciendo gala de tu progresía, en tu discurso de agradecimiento pidas la perpetua para el presidente de los Estados Unidos. Ése es el foro, Bardem, y no la patria de Castro. A no ser que no busques justicia, sino que te hagan la ola.

Viajes

Una semana de idas y venidas como las que me había prometido a mí misma no tener en beneficio de mi nueva novela... El martes, a Santiago, a una rueda de prensa que al final no se celebró. Para compensar, encuentro con gente grata como Luis Ulloa, del Xacobeo, y el director Xeral de Turismo, Rubén Lois, que me ha prometido que leerá mi novela en enero. Hay políticos que leen y Rubén, que es uno de ellos, confiesa que tiene que distribuir la lectura en el tiempo libre. Mi libro es el próximo, parece.
Hoy he pasado el día en Castellón, lo que significa que he viajado durante casi nueve horas. La paliza se compensa con el estupendo encuentro mantenido con estudiantes de bachillerato de un Instituto que habían leído "En tiempo de prodigios". Me presenta Adrián, y Michael, Ioan, Eliza, Alaa y otros chicos me bombardean con preguntas que nacen del interés por el libro. Salgo de Castellón renovada y convencida de que no todo está perdido. Las nueve horas de trayecto ida y vuelta han merecido la pena. Además, el viaje se me hace más ligero gracias al nuevo libro de Ángeles Mastretta, "Maridos", que me envía Elena Ramírez, la editora de Seix Barral. Justo ayer había acabado otro libro del mismo sello, "La elegancia del erizo", de Muriel Barbery. Deliciosa, absolutamente recomendable. Uno la lee con la impresión de estar bebiendo algo cálido, sabroso y ligeramente sofisticado, a medio camino entre un té verde y un chocolate bien hecho. Ya sé que suena raro, pero espero vuestra impresión si alguno ha leído la novela. En cuanto al libro de Mastretta, es un verdero ejemplo del arte del relato, de la sensibilidad para narrar.
Prometo un post más largo para dentro de unas horas. Ahora necesito dormir un rato antes de empezar a ver visiones.

lunes 10 de diciembre de 2007

La belleza

Es el título de una magnífica novela de Zadie Smith, publicada por Salamandra y que recomiendo a todo aquel que no la haya leído. Desde muy pequeña me conmueve la belleza en todas sus manifestaciones. La busco en todas partes, y suelo dar con ella. Suele haber belleza en casi todas las personas - una forma de mirar, una sonrisa, la raya del pelo, las manos, un gesto con la nariz - y depende de cada uno el verla o no. También la hay en las calles, y en las tiendas, y en el trazado de las ciudades. Una de las cosas más hermosas que recuerdo la vi en una calle de Shanghai: dos adolescentes dormían abrazados en una cálida noche de agosto. No pude ver sus rostros, ni siquiera sabría decir cómo eran sus cuerpos. Pero juntos parecían una estatua de Rodin.
A mí me enseñaron a encontrar la belleza. Supongo que ahí empezó mi vocación de persona feliz, que lo soy, a pesar de que ha habido en mi vida muchos motivos para ser desdichada. Y, también, seguro, mi vocación de escritora que tiene un radar para detectar belleza en todas partes.
Escribo esto recién llegada de Berlín, de buscar y encontrar la belleza de una ciudad en contrucción. Hoy abrí mi blog, y me encontré, además de intercambio de opiniones encontradas, un post insultante en el que un pobre hombre criticaba mi aspecto físico, en su opinión muy ingrato.
No te conozco, no sé quien eres. Sólo que me detestas con una virulencia que me preocuparía si vivieses en la casa de al lado. Como estás lejos, sólo me sorprende. Intentas ofenderme, y veo que estás dispuesto a utilizar cualquier herramienta. Esta vez te has equivocado. Hay cosas que pueden molestarme más o menos, pero las alusiones a mi físico no están entre ellas. Lo terrible de tus palabras, anonimiño, es que debes pensar que, por el hecho de ser mujer, me preocupa ese concepto. ¿Hubieses hecho alguna alusión a mi aspecto si hubiese sido yo un hombre? Me temo que no. Quizá añoras la época en que las mujeres eran sólo culos, tetas y rostros. Por fortuna, yo no nací en esa época. Ninguna de las cosas que me han pasado en la vida, las buenas y las malas, han tenido relación con mi aspecto exterior. Por eso hace mucho tiempo que no pienso en él. Y me sorprende que otros lo hagan.Yo no soy capaz de imaginar a Ana María Matute, a Rosa Montero, a Soledad Puértolas, intentando denigrar a una escritora por cuestiones ajenas a su inteligencia o su talento. Si otras personas lo hacen, allá ellas. Hace años hubo muchas mujeres que intentaron hacer lo que yo hago ahora, y se les echaban encima quienes consideraban que tenían que quedarse en casa depilándose o haciéndose la manicura. Cada vez que se ataca a una mujer por razones que sólo tienen que ver con su físico, se está dando un paso atrás. Por eso no voy a entrar en semejante juego.
El talibanciño anónimo acaba diciendo que lo peor no es que sea tan fea, sino todo lo que sale de mi boca. Imagino que, obsesionado como parece que está conmigo, el año pasado debió ser para él una verdadera pesadilla por mi presencia constante en medios y foros de distinto tipo. Y no sabe lo que le espera en un futuro próximo. Pienso seguir trabajando, y el 2008 se presenta muy bien, así que paciencia.
En cuanto a Berlín, fue un viaje estupendo, aunque volví con la ansiedad de haberme dejado muchas cosas por ver. Es una ciudad que se ha desmadrado, que crece a su aire, que ha empezado a vivir su propia vida. Me traigo varios recuerdos inolvidables: la puerta de astarté en el museo de Pérgamo, unos niños cantando el "Noche de paz" en uno de los mercados navideños; la visión fabulosa de la cúpula del Reichstag, obra de Forster... y un chaparrón invernal que nos alcanzó a Marcial y a mí a medio kilómetro de la puerta de Brandemburgo, sin una triste cornisa que nos pudiese dar cobijo, ni un paraguas para resguardarnos. Ojalá nos hubiésemos hecho una foto, calados hasta los huesos, con una triste pinta de perros empapados, inermes ante el remojón, desamparados, ridículos... No había nada que hacer, salvo seguir caminando bajo la lluvia helada. Y entonces, al vernos reflejado el uno en el chorreo del otro, nos echamos a reir junto a los árboles desnudos, teniendo de fondo la soberbia puerta símbolo de tantas cosas, de tantas esperanzas, de tantos comienzos. Lo supe en ese mismo momento: allí, hecha una sopa, muerta de frío, había vuelto a encontrar la belleza.

jueves 6 de diciembre de 2007

Los padres terribles

El informe Pisa, creado para seguir la evolución educativa de los países de la Comunidad Europea, arroja para España resultados dignos de sonrojo. Nuestros chicos son los últimos en muchas materias, pero lo que más me preocupa es ese suspenso en comprensión lectora. Tengo contacto con muchos docentes, de enseñanza secundaria y de universidad, y hace tiempo que me vienen hablando de esta cuestión: los chicos no entienden lo que leen. Si una no comprende una simple lectura, me pregunto como se va a organizar para estudiar.
Que el nivel de la enseñanza secundaria española va cayendo en picado no se le escapa a nadie, y esto ocurre cuando se dan muchas condiciones para que ocurra lo contrario: está en activo una de las generaciones de profesores mejor preparada de la historia, los medios materiales de los centros educativos han mejorado con respecto a hace diez, veinte años, y - debido al descenso de la natalidad - las clases cada vez son menos numerosas, alejando así el fantasma de la tan temida masificación. ¿Qué pasa entonces? Porque las condiciones son las mejores, pero el rendimiento académico es cada vez peor. No estoy en condiciones de buscar culpables - ya lo ha hecho el presidente del Gobierno, señalando a los padres como causantes del desastre - pero tengo la sensaci´n que la implantación sucesiva de planes de estudios con los que no está de acuerdo nadie, y la progresiva pérdida de autoridad de los maestros tiene mucho que ver en que nuestros estudiantes sean, a día de hoy, de los peor formados de la Unión Europea.
Zapatero dice que la culpa la tiene la mala preparación de los padres de las criaturas, que arrastran el déficit de sistemas educativos anteriores. Que me perdone ZP, pero eso no tiene ni pies ni cabeza. Los padres de los chavales de 16 años andan hoy en torno a los 45 - 50, lo cual quiere decir que vivieron en democracia una parte importante de su etapa formativa. Mis padres, y los de la gente de mi generación, tuvieron la mala fortuna de educarse en una dictadura, y eso no afectó a mi capacidad lectora ni a mi nivel de matemáticas. Esas cosas se aprenden en la escuela, no en el hogar.
Cuando iba al Instituto - público - había cuarenta alumnos en cada clase, presidida por cierto por la más absoluta heterogeneidad de orígenes sociales y culturales. Entre mis compañeras había hijas de trabajadores prácticamente analfabetos, y sin embargo muchas de aquellas chicas fueron universitarias y hoy tienen una próspera vida profesional. No creo que el ambiente de sus casas fuese el más propicio para el estudio, pero el sistema educativo de la época sí lo era. Estoy segura que ni el peor alumno de mi instituto hubiese hecho el ridículo en las pruebas del PISA como lo han hecho los escolares de ahora.
¿No es el momento de pararse a pensar qué está ocurriendo? ¿De preocuparse por el ínfimo nivel de nuestros escolares, que deja en evidencia al sistema ? ¿De arreglar las cosas desde dentro y empezando por el principio, y no lamentando que los tiempos pasados fueran tan grises y oscuros? ¿De verdad alguien se cree que la culpa de que los chavales no se enteren cuando leen la tienen los padres y las madres? Mal arreglo tiene entonces la cosa. Quizá, como decía Oscar Wilde, uno debería ser más prudente al elegir a sus padres.

miércoles 5 de diciembre de 2007

Sangre

Que nadie se asuste, por favor. Hablo de sangre de la buena, de la que uno da voluntariamente.
La semana que viene me toca donar sangre. Lo hago desde hace tiempo; en concreto, desde que vi una noticia en el periódico que decía que se habían suspendido siete operaciones en un hospital madrileño por falta de sangre. En ese momento mi imaginación calenturienta me llevó a imaginar que una de esas personas que esperaban para operarse eran mi hermana, mi novio, algún amigo... y me sentí como una sabandija por guardar tan celosamente ese liquidito rojo. Así que me hice donante.
El primer día llegué temblando, pero luego me di cuenta de que la cosa no es para tanto. Además, médicamente es bueno donar sangre: tu cuerpo se pone a trabajar para producir más enseguida, así que digamos que se obliga a nuestros órganos a ponerse en forma. Total, por un pinchazo de nada y quince minutos tumbado en una camilla... Luego te obligan a atiborrarte de zumo, patatas fritas y chocolatinas. Y además te hacen un regalito. Lo curioso es que las enfermeras y los voluntarios de cruz roja te dan muchas veces las gracias, como si la sangre que acabas de dar fuese para ellos. Claro que esa gente sabe mejor que nadie la falta que hace.
Os cuento una cosa: había donado sangre el nueve de marzo de 2003. Cuando explotaron los trenes y los hospitales madrileños se llenaron de heridos, cuando todo el país se arrastraba por la calle con el corazón dolorido, el único y pobre consuelo que tuve fue el pensar que mi sangre iba a servir para ayudar a alguien que estaba en un hospital.
Por eso, la semana que viene, voy a poner el brazo para que me quiten sangre. ¿Alguien más se anima?

lunes 3 de diciembre de 2007

Dos días después

Hace cuarenta y ocho horas escribía un breve post tras el asesinato de un guardia civil, o quizá haya que decir de dos guardias civiles, pues el agente herido parece contar con pocas esperanzas de recuperación.
Las primeras horas de cualquier cosa - sea un atentado o una tragedia natural - no son las mejores para hacer balance ni elucubraciones. Es momento para el duelo, para el respeto hacia el dolor ajeno. Es momento para reflexionar sobre lo único importante: el fin violento de una vida humana. Por so me sorprendió y me dolió que sólo unas horas después de que dos jóvenes fuesen tiroteados salvajemente, cientos de miles de catalanes salieran a la calle, entre pancartas y globos, para reclamar autonomía, mejores infraestructuras, trenes rápidos y justicia social, que parece que les llega muy poca.
Creo que cualquier colectivo, cualquier individuo, es dueño de pedir lo que le parezca, por injusta que pueda resultar su reclamación a los ojos de los demás. Si los catalanes se consideran maltratados, que lo digan en la forma que quieran. Toda protesta pacífica (la del sábado en Barcelona lo fue) es perfectamente legítima y respetable. Pero no era el momento. Con el cuerpo de Raúl todavía caliente. Con la familia de Fernando rodeando una cama de hospital de la que el chico no va a levantarse nunca. ¿No había entre los convocantes de la marcha nadie con sentido común que pudiese invocar el respeto debido a un asesinado? ¿Nadie propuso posponer la protesta durante el tiempo suficiente para no dar la impresión de que a algunos les preocupan más las zanjas que los muertos de ETA? ¿Para que no pareciese que el drama de Raúl no iba con ellos? El fondo supuestamente justo de sus protestas ¿les ciega completamente sobre la necesidad de respetar unas formas mínimas?
Lo he dicho otras veces: Voltaire definió el patriotismo como una forma de egoísmo colectivo. La radicalización del sentimiento nacionalista acaba desbocando en comportamientos aberrantes, como la incapcidad de conmovernos por cualquier cosa que ocurra más allá de la puerta de al lado. Que las decenas de miles de personas que salieron a la calle en Barcelona pidan todo lo que quieran: la destitución de la ministra, el advenimiento de la república o la gratuidad del pan con tomate. Tendrán mi aplauso y mi respeto. Pero la imagen de la rechifla, los soniquetes y los globitos con la senyera mientras a quinientos kilómetros se velaba a un hombre a quien había matado ETA no me parece propia del tan cacareado"seny". Hay prioridades para todo. Y los muertos, qué queréis que os diga, están por encima de cualquier otra cosa. Y estoy segura de que la mayoría de los particpantes de la protesta de Barcelona también lo consideran así. Por eso hay que dedicar un momento a pensar, a medir y a tomar decisiones. Lo contrario ha de llevarnos a la ignominia y al caos moral.

domingo 2 de diciembre de 2007

Pena

No es el momento de sentir otra cosa. No es el momento de hacer preguntas ni de exigir respuestas. No es el momento de señalar con el dedo a nadie distinto de los asesinos, ni es momento de pensar en nadie distinto a Raúl y a Fernando, en sus familias, en sus amigos. Uno ya no está. Otro lucha aún, no sé con qué armas ni con qué posibilidades de presentar batalla.
No puedo imaginar qué sienten los padres de Raúl. Tampoco lo que se les pasa por la cabeza a los de fernando, como deben alternarse en su cerebro la desesperación y la esperanza. Nada de lo que podamos decirles ha de llevarles consuelo.
Sólo es momento de pensar en los que ahora lloran. En Raúl y Fernando, que no pueden llorar. Tiempo habrá para lo que venga, pues pasarán los días de las lágrimas y llegará el momento del análisis. Esperemos llorando por ellos.