Ya habréis visto los lectores habituales la incidencia de mi último post, y, sobre todo, la cascada de insultos talibanes con que se me obsequia. No voy a decir que me sorprende: sé como funcionan estos tipos: yo hablo y tú te callas. Yo te insulto, pero no se te ocurra contestarme.
He entrado tres veces en la página web a la que hacía referencia (no pongo su nombre porque no me da la gana). Una fue por equivocación. Otras dos, porque me remitieron a ella unos amigos, alucinados por lo que sobre mí acababan de leer. Nunca he encontrado en la dichosa página otra cosa que no fueran insultos, descalificaciones, faltas de respeto. A lo mejor tuve mala suerte. a lo mejor los usuarios del sitio son gente pacífica, educada y respetuosa, y en esas tres ocasiones habían entrado los pirados de turno, que todo puede ser. Si es así, mil perdones a aquellos que se pudieran sentir ofendidos por mis comentarios. Pero, la verdad, no creo en ese extremo, de la misma forma que no creo en cuentos de hadas. En esa página se me insulta a mí de la misma forma que se insulta a otra gente. Conmigo la tomaron desde el mismo día en que fui finalista del premio literario más codiciado de las letras españolas (sí, ya sé que hay quien no quiere el Planeta, quien lo critica y lo denosta, pero yo estoy encantada de que me haya tocado la pedrea) y aproveché para criticar la política de la Xunta de Galicia con respecto al castellano. Ese fue el principio de todo.
Los insultos que han vertido los talibanciños en mi blog son sólo un aperitivo de los que me dedican en el suyo. Porque los miembros del fascio enxebre no discuten, ni dialogan, ni cuestionan. Insultan, y fuera. ¿Qué no estás de acuerdo conmigo? Eres imbécil. ¿Qué criticas lo que yo hago? Eres imbécil. Eso sí, no te atrevas a utilizar mi modus operandi, porque aquí los que insultamos a ritmo de gaita somos nosotros.
Algunos lectores de mi blog, con buena intención, me mandan mensajes a mi correo personal: "pasa de ellos", "como si no estuvieran", "si les pica, que se rasquen", "déjales, pobrecitos". La verdad es que esa fue la primera intención. Y luego me di cuenta de por qué estos tipos están crecidos. Porque las personas normales hemos adoptado esa actitud con respecto a sus bravuconerías y su catálogo difamatorio: pasar de todo, hacer como si nada, si ya sabemos como son, cosas de ellos. Y es por esa actitud (que yo misma adopté durante mucho tiempo) por lo que esa gente ha llegado a creerse dueña de ley y palabra y, sobre todo, guardianes del tesoro de la cultura gallega. El monstruo, amigos, lo hemos creado entre todos.
En lo que a mí respecta, os tempos son chegados. Empecemos a llamar a las cosas por su nombre. Y revolvámonos. Como no están acostumbrados, pierden la cabeza, y no hay más que ver las intervenciones en mi blog. "pero ¿como se atreve esta tía a contestarnos? A nosotros, nada menos, que somos los de díjolo Blas, punto redondo..."
Los primos galaico portugueses de Bin Laden se han acomodado en el silencio de los demás. Cuando les contestas, reaccionan como hidras, y te dicen aquello de "oye, que nosotros somos mil". ¿Mil? ¿Mil? Mil personas son muchas para cualquier acontecimiento violento: mil tíos quemando coches son muchos tíos, igual que mil tíos haciendo pintadas, destrozando unos grandes almacenes o arrasando un restaurante. En términos civilizados, mil tipos no son nada. Mil lectores no son suficientes para que funcione un libro. Mil oyentes no levantan la audiencia de un programa de radio. Mil compradores de un periódico medio lo convertirían en un fracaso. Mil espectadores de un programa de televisión no bastarían para mantenerlo en antena. Pero ellos son mil, están cabreados, y como lo del debate pacífico no les interesa, sacan la cabeza y se ponen a insultar.
Es posible, incluso probable, que dentro de los visitantes de esa web haya personas de otro pelaje. Gente con ideas distintas a las mías pero no menos respetables que las que yo defiendo. Con esas personas me parecería nteresante hablar y discutir. Pero los que sacan la cabeza son siempre los mismos: gente violenta, maleducada, grosera, zafia, que además suele hablar en plural para aclarar que sus insultos están sostenidos por una mayoría de mil personas. No conozco muchos foros así, con ese nivel de difamación ni de palabras alteradas.
Yo les he contestado como me ha parecido, y, desde luego, desde mi página, que para eso la tengo. La reacción ha sido rápida e incendiaria. Hay faltadas para todos los gustos, la mayoría bastante poco originales. Reconozco como francamente ingeniosa la de tres que me invitaban a hacer un viaje a Marruecos para tocar la flauta. Esos tenían gracia. Los demás, más bien ninguna. Hubo uno que dudaba de mi capacidad como escritora por el mal uso que hacía de la barra espaciadora, confundiendo así literatura con mecanografía. Otro me llamaba parásita por haber pasado dos días en un barco ruso. Otro cenutrio decía que tenía "l riñón bien cubierto", como si me hubiese tocado una primitiva, o la herencia de un tío de América. Y luego hubo un mentecato que se enredó en no sé que historias de gente que no puede dormir en hoteles buenos mientras yo comento que no me gusta la decoración del Bahía de Vigo. No sé que tiene que ver el tocino con la velocidad, pero me temo que aunque la decoración de mi hotel me pareciese sublime, seguiría habiendo gente que duerme en pensiones. Cosa que, por cierto, tampoco es culpa mía.
En fin, lo dicho... yo a lo mío, ellos a lo suyo, y que sepan que cuando coincidamos en el camino pienso seguir contestando a sus baladronadas, a sus chulerías y a sus provocaciones simpre que me apetezca y en los términos que yo elija. No srá suficiente para pararles los pies - ya sabemos que están crecidos - pero me basta con concertirme en una piedra en sus zapatos.
Y a vosotros, a los míos, a la gente normal, que no está resntida, ni cabreada, ni jodida por la situación de otros, que no sabe de qué va eso de la envidia; a vosotros, Diego, Cova, Carmen, Tere, Rever, Isabel, Víctor, Pablo, Tensi, os agradezco vuestra compañía y vuestras palabras de afecto y os recuerdo el proverbio árabe: "mientras los perros ladran, la caravana sigue avanzando".