viernes 29 de junio de 2007

De viernes

Esta tarde, otra sesión de fotos para El País. El reportaje que estoy escribiendo es interesante... pero le estoy dedicando más tiempo que a mis escritos de ficción. A veces me pregunto si sería capaz de dedicarme sólo a escribir, de olvidarme de todo excepto del trabajo de novelista, y la respuesta es no.
Me llega una nota de la agencia: Alfaguara va a destruir más de mil ejemplares de "Grandes de España", un libro de encargo por el que no siento nada especial. Podría pedir alguno, pero ya me queda uno de recuerdo, y no tengo mayor interés. Arderán, pues, mil libros que no interesaron a nadie, y que sólo durante un tiempo me interesaron a mí.
Mi amiga Elena me manda desde Oxford la foto de su hijita Natalia, y me sobrecoge comprbar que madre e hija tienen idéntica mirada. El parecido es más que asombroso. Veo la foto de la niña y veo a Elena, y si dejo que los recuerdos trabajen, me veo a mí, en mi época inglesa, en la casa hospitalaria de Hamilton Road.
Sólo me ha dado tiempo a leer los titulares del periódico. Rodrigo Rato deja el FMI aduciendo "motivos familiares". Nadie se cree esas cosas. Los políticos suelen manejar muy bien el concepto de familia. Rato se vuelve a España a ayudar a Rajoy a ganar las elecciones. Para mí, que veo la política como un espectáculo, el regreso de Rato es una excelente noticia. La campaña se presenta animada.

jueves 28 de junio de 2007

Tarde de jueves

Hace un calor raro, espeso. Un calor que se pega a la piel. Acabo de volver de Segovia, de hacer unas fotos para un reportaje que estoy preparando. Al bajar del coche, el bochorno es como una bofetada.
Mi barrio arde en fiestas del orgullo gay. El ruido en casa es alucinante, y a partir de las ocho de la tarde por aquí no hay quien se mueva. No estoy segura de que los vecinos estén encantados con esta invasión de elementos foráneos. En fin, sólo son unos días.
Esta noche, cena con las chicas de Londres en Come Prima. Y ahora, por la tarde, tengo que acabar un artículo que se supone urgente - ¿alguno no lo es? - y trabajar en un texto sobre Pavese para un proyecto de Fernando Marías.
Ya he arreglado cuentas con Hacienda. Por mi cabeza pasan, como en una película, imágenes de todas las cosas que podría haber hecho con la pasta que he pagado. Hacienda somos todos, pero me temo que unos más que otros.

miércoles 27 de junio de 2007

Otra vez en casa

He vuelto de Sevilla, de asistir a la entrega del Premio Ateneo, que se ha llevado Espido Freire. No he leído´su novela, pero estoy segura que responderá a las expectativas. Espido recogió su premio radiante, guapa, rompedora, como siempre. Me enseñó su abanico, una pieza de anticuario destinada a una mujer de luto que nunca lo estrenó porque volvió a casarse. Anoche, ella llevaba en la mano el abanico luctuoso, y lo movía en la jornada sevillana. Espido es única. La aprecio y la admiro, y ella lo sabe porque esas cosas no se ocultan.
Hoy por la mañana, encuentro en el Congreso de Nuevos Narradores. En mi mesa, abogo por la necesidad de que los escritores no trabajemos gratis. Un par de románticos se me soliviantan: tenemos tanta suerte de poder escribir, que es injusto que cobremos. Por fortuna, la mayoría vala mi tesis: tenemos suerte de poder escribir, pero también la fea costumbre de comer tres veces al día.
De vuelta a Madrid, en el AVE, me entero junto a Félix Romeo de la concesión del Príncipe de Asturias a Amos Oz. Yo manifiesto mi decepción porque el premio no haya ido a parar a Philio Roth, pero Romeo acaba contagiándome su entusiasmo por Oz. Me recomienda un libro suyo que no conozco, y prometo leerlo de inmediato. He terminado "En las nubes", de Ian McEwan, con cierta sensación de depiste: me parece un magnífico txto para adlescentes, pero no para adultos. Ahora estoy releyendo "Servidumbre humana", de Somerset Maugham. Félix Romeo reconoce su fascinación por este autor. Hablamos las dos horas y media del viaje. Félix es inteligente, y tiene ese humor fino que cada vez me gusta más. Deben ser los años. Los míos, claro.
Mañana, encuentro semanal con Martín y con Rafael.

lunes 25 de junio de 2007

Ida y vuelta

Mucha calor en Sevilla. Viajé temprano para ser jurado del Ateneo Joven de Novela. Fue extraño entrar en la sede ateneísta. Sólo estuve allí una vez, para recibir mi Ateneo Joven en 1998. Tres de las personas que compartieron conmigo aquel día ya no están: mi madre, mi abuela, mi Bayón. Es difícil no dejarse arrastrar por la nostalgia, pero intento pensar en la suerte que tuve por haber podido vivir junto a ellos aquel momento tan importante. Cuánto cambian las cosas en nueve años. Cuanto se pierde. Y cuantas cosas, también, gana uno para su propia causa.Hoy, sin embargo, hubiese dado cualquier cosa por poder manejar el reloj del tiempo, por tener veintiocho años, una novela recién publicada y a mi madre, a mi abuela y a uno de mis mejores amigos.
Vuelvo a Madrid a tiempo para asistir a la entrega del Premio "Amar a Lugo" al empresario Rafael del Pino. Rafael lleva tres años en una silla de ruedas a consecuencia de un desgraciado accidente - que estúpida redundancia: todos lo accidentes son desgraciados - ocurrido cuando empezaba adisfrutar de su jubilación. A pesar de su estado,quiso recoger el premio personalmente. He aquí un hombre valiente, pensé al verle intentando hablar a pesar del respirador.
Buenas noticias para mis amigos: Juan Carlos Naya recibe críticas elogiosas por su interpretación en "Madrugada de cobardes". Juan Carlos es talentoso, trabajador, generosoy buena persona. Hablamos brevemente de su éxito y de los que vengan.
Aviso para navegantes: por unproblema en la contraseña, no puedo acceder a la cuenta de correo asociada a mi página. Quien se quiera poner en contacto conmigo puede hacerlo a través de rivermarta@gmail.com
Mañana, más

domingo 24 de junio de 2007

Malas noticias

Han muerto cuatro soldados españoles que participaban en una misión de paz en Líbano. Encuentran la muerte aquellos que van a salvar vidas. Pienso en ellos y en quienes tendrán que llorarles.
Pertenezco a una familia de militares. Mis dos abuelos, dos bisabuelos. De pequeña me enseñaron el himno de infantería: "Ardor guerrero, etc, etc". Eso ha abonado el terreno de un puñado de cretinos que dedican su tiempo a insultarme. Soy nieta de militares, y supongo que eso me convierte para ellos en un monstruo fascista, en amante de la violencia y la injusticia.
Cuando era el momento de hacerlo - en plena adolescencia de protestas estudiantiles -, nunca grité en contra del ejército, quizá por lealtad a mis abuelos, quizá porque intuía que no todos los militares son engendros del mal ni amantes de la guerra. No lo eran, seguro, los cuatro chicos que murieron hoydespedazados por una bomba en el mismo corazón del infierno. En el lugar a dónde se habían trasladado para llevar un poco de esperanza a aquellos que tienen razones para pensar que la esperanza no existe.
Los soldados ya no aman la muerte, aunque la encuentren. Ha pasado el tiempo para todos. También para los ejércitos. Para algunos ejércitos. Para cuatro chicos que hoy vieron, por última vez, el sol extremo de la tierra del Líbano.

Tarde de domingo

Bochorno y siesta vergonzante, medio acurrucada en el sillón. Me despierto acalorada y de un humor pésimo. No me sienta bien dormir por las tardes,y menos cuando tengo tanto trabajo como hoy. Acabo de enviar un artículo y dos correos más. Mañana pasaré casi todo el día en Sevilla, en el jurado del Ateneo. Para el viaje de regreso - a la ida voy con mi querido Fernando Marías, y eso me asegura buena conversación y un trayecti fugaz - me llevaré "En las nubes", de Ian McEwan. Me provoca inquietud viajar sin un libro.
Como me temía, he leído el libro de Derrida antes de atender otras obligaciones más urgentes. La siesta, la lectura... demasiadas penitencias para acabar la semana.

sábado 23 de junio de 2007

De noche

Una tarde de trabajo intenso. Ahora, dentro de un rato, un paseo y una cena fuera de casa. Me encantan los sábados por la noche, aunque cada vez hay más gente en mi barrio, que ahora se prepara para el EuroPride de la semana que viene.
Una lectora generosa me pregunta si voy a ir a Barcelona a firmar libros. Estuve en la ciudad por San Jordi - ¿a alguien se le ocurre una fiesta más bonita que la del intercambio de libros y rosas? - y no está previsto que vuelva, por el momento. De todas formas, la suerte cambia y uno nunca sabe lo que va a suceder. Y yo siempre estoy deseando volver a Barcelona, donde tengo amigos y buenos recuerdos.
Mañana voy al circo. Hace siglos desde la última vez. Intento hacer memoria: creo que tenía seis años la última vez que asistí a un espectáculo circense. Me llevo a mi sobrina conmigo. Hay cosas que uno disfruta más de la mano de un niño.

Sábado

Primer día de verano en Madrid. Me refiero al verano real, al verano de temperaturas imposibles y de sol inclemente. A lo mejor soy la única, pero me gusta este verano: si uno sobrevive al día, la noche viene cálida, a veces hasta tibia, envuelta en una brisa que parece un regalo. He guardado defintivamente las chaquetas y los jerseys que todavía me obstinaba en dejar a mano.
Veo la portada de El Mundo: en la foto, Zapatero y Sarkozy parecen estar pelando la pava en una terraza. Se miran con una simpatía que tiene algo de arrobo, de entrega pura y dura. Qué romántico. Ay.
Acompaña a Marcial en su visita a una librería jurídica. Mientras él bucea por entre los códigos y los mementos, yo fisgo a mi antojo y encuentro una colección de libros que desconocía: "Nómadas", de la editorial Amorrortu. Títulos de Alferi, Baudrillard, Paul Ricoeur. Compro un opúsculo de Derrida, "Aprender por fin a vivir". Lo leeré esta tarde con la sensación de estar haciendo novillos, pues tengo que dar un último repaso a las novelas del Ateneo Joven.

jueves 21 de junio de 2007

Preparando un viaje

Esta mañana, presentación del viaje en barco que un grupo de escritores vamos a realizar en el mes de agosto para inaugurar una nueva ruta jacobea desde Valencia hasta Villagarcía de Arosa.
Nos embarcaremos en un velero ruso de cuatro mástiles. Nunca he subido en un velero. En realidad, mi experiencia náutica es más bien limitada. Me hace ilusión. Verano, el mar y el viento en las velas. No suena nada mal.
Leo en un diario electrónico que Scarlett Johansson tiene complejos. Es un consuelo. O un insulto, según como se mire.
Tengo encima de la mesa un lápiz grabado con el nombre de Terenci Moix. Le conocí hace mucho tiempo, cuando yo aún no había publicado nada. Me pareció un hombre inteleigente, exquisito, de una buena educación natural que iba de la mano de un talento poco común. No sé de dónde ha salido este lápiz.
El lunes soy jurado del premio Ateneo Joven de Sevilla. Tengo claras mis preferencias. Al llegar a Sevilla, sé que voy a notar una especie de nostalgia amable: hace nueve años que gané ese mismo premio. Fue el principio de muchas cosas, casi todas buenas, que han ocurrido en este tiempo. También recordaré a Félix Bayón. Ojalá él también pudiese estar en Sevilla, como hace nueve años, para tomarnos otro gin tónic muertos de risa. Sevilla. El Ateneo. Y Bayón, que no puede estar ni en la ciudad ni en mi vida. Le echo de menos. A veces creo que cada vez más.

miércoles 20 de junio de 2007

Muchos días

Muchos días sin dar señales de vida. Muchas idas y venidas, muchos viajes. El lunes, todo el día en Londres para entrevistar a Ellen Pompeo, la lánguida protagonista de "Anatomía de Grey". Mi entrevista fue una de las primeras, así que a las doce de la mañana había terminado y tenía todo el día para mí. Pasé dos horas muy felices en la National Gallery, viendo cuadros que ya conocía y descubriendo otros que había ignorado en mis primeras visitas.
En el avión de regreso a Madrid leo "Delicioso suicidio en grupo", de Paasilina.Me rio sola varias veces. Mi vecino de asiento me presta su periódico, y puedo seguir así los pormenores de las protestas sobre la ley del cine. En las salas no quieren que se les impongan cuotas de exhibición, y no m extraña. Digan lo que diga, el cine es un negocio, y la gente que está en el ajo es para ganar dinero, lo cual me parece muy legítimo. Pero eso quiere decir que también el cine debería regirse por las leyes del mercado. Dura lex, sed lex. Si un tipo no es capaz de hacer una película rentable, que no la haga. Y si un señor, por mucho que sea de Cuenca, de Lugo o de Calatayud, filma un bodrio infumable, no veo por qué hay que obligar a una sala a que lo programe, ni por qué yo voy a tener la obligación moral o patriótica de gastarme los cuartos - y el tiempo - en ir a verlo.
La gente del cine se queja de que tiene que lidiar con las todopoderosas productoras americanas. Pues también los escritores españoles tenemos que lidiar con Dan Brown, J.K. Rowling, Michael Crichton y John Le Carre y no estamos todo el día dando la matraca. ¿Alguien se imagina que, por ley, las librerías tuviesen que guardar un lugar en la mesa de novedades para los libros en español? ¿Que las listas de libros más vendidos reservasen por narices el 25% de los puestos de privilegio para novelas españolas, aunque no vendiesen una escoba?
El año pasado "En tiempo de prodigios" estuvo dos semanas seguidas entre la lista de libros más vendidos. A la tercera semana se cayó, y mi agente me explicó que acababa de aparecer la traducción de "Viajes por el scriptorium", de Auster, que había desplazado a la mía de la lista de marras. Superado el subidón por haber tenido siquiera un mínimo contacto con Paul Auster - una vez tropecé por la calle con Liam Neeson y también me sentí muy orgullosa - no se me ocurrió protestar porque un maldito yanqui hubiese apartado mi libro de su puesto en la lista de honor de los diez libros mejor recibidos.
Anda que lo ha hecho bien la ministra con la famosa Ley del Cine. Tiene a los distribuidores rebotados, a los exhibidores rebotados, a los de las teles echando chispas porque van a tener que gastarse los cuartos, y ahora también protestan los actores, que reclaman lo de siempre. Ayudas, ayudas, ayudas. Ayudas que pago yo, y el otro y el de la moto. Ya que la gente es remisa a ver cine español - ¿por qué será? - que al menos sus impuestos sirven para sostener algunas perlas de producción propia.

jueves 14 de junio de 2007

A horas más prudentes...

Día de idas y venidas, de atar cabos sueltos, de rematar gestiones. y de pasar por un rebote fenomenal cuando me dicen en El Corte Inglés de Nuevos Ministerios que sólo disponen de un modelo de grabadora que, por cierto, cuesta casi doscientos euros. Vamos a ver... ¿es El Corte Inglés o una tienda de barrio? ¿Un único modelo de un artículo del que hay decenas de variedades en todo el mercado? La pregunta es ¿acaso ha pasado una turba de majaras y han comprado las trescientas grabadoras de las que debería disponer un centro supuestamente modélico en cuanto a su funcionamiento?
He salido lanzando mentalmente juramentos y maldiciones, aunque no sé muy bien a quien van dirigidas.
Más gestiones: arreglo de un bolso en una pequeña tienda de la Calle Gravina. Atienden dos ancianitos entrañables y su hijo treintañero. No tengo mucha fe en el resultado, la reparación no me parece fácil. Veinticuatro horas después, recojo el bolso en perfecto estado de revista, y me cobran tres euros. ¿Hay alguna forma de pagar tres euros en Madrid por algo que no sea un yogur, una bolsa de pipas o un periódico? Por eso me gusta este barrio. Porque, entre las tiendas "trendy", los restaurantes de moda y los cafés de diseño, todavía hay lugares como este, donde te dejan como nuevo un bolso que habías desahuciado y te cobran el equivalente a quinientas pesetas.
Mañana, una entrevista, el sábado un programa de radio desde el Congreso de los Diputados y una boda en La Coruña, el domingo un viaje a Londres, el lunes una entrevista con una estrella de la televisión y regreso a Madrid más bien tarde. Creo que me voy a tomar las vitaminas que compré hace dos semanas y que están muertas de risa en alguna parte de la casa.

Madrugada

Muy tarde para escribir. Pero la culpa de haber trasnochado no es el trabajo sino una película de Paul Verhoeven: "El cuaderno negro". Todavía no puedo clasificarla. Sentada ante el ordenador, oiga desde la tele la voz de Santiago Carrillo, con la sensación de que he escuchado muchas veces lo mismo que está diciendo.
Hoy, comida con Martín y Rafael. Había ostras, pero yo no puedo comerlas, a pesar de que se me hace la boca agua sólo con verlas, a pesar de que soy capaz de recrear el placer inmenso de tragarse una ostra sin masticarla, con su densidad extraña y su sabor a océano. Me gustó ver como Martín y Rafael se comían las ostras que a mí me están vedadas. Al salir del restaurante, reflexioné sobre la inmensa suerte que tengo con los amigos que se han cruzado en mi camino.
Estoy trabajando menos de lo que debiera, pero ni siquiera me siento culpable. A veces es bueno perder el tiempo.

martes 12 de junio de 2007

Por la tarde

Día de llamadas, reuniones varias, papeleos. Tengo la sensación de que el tiempo pasa demasiado rápido para mi gusto. Leo las ediciones digitales de los periódicos - costumbre que, me temo, se está convirtiendo en un vicio peligroso - y en una de ellas encuentro una noticia que me llama la atención: desde el diario Frankfurter Allgemeine se cuestiona la presencia de Cataluña como país invitado en la Feria del Libro de Frankfurt, alegando que ante la única presencia de autores en catalán, la terna presentada podía ser "de segunda fila".
No hay justicia en la expresión, no son correctas las formas. No sé quienes son los escritores incluídos en el grupo que viajará a Alemania, pero estoy segura de que ninguno de ellos pertenece a un orden menor dentro de la galaxia de las letras. Pero ese no es el asunto que preocupa. La deliberada exclusión de los autores catalanes que escriben en español viene a privar a la delegación catalana de pesos pesados de la talla de Enrique Vila Matas, Eduardo Mendoza, Javier Cercas, Ildefonso Falcones, Ana María Matute o Carlos Ruiz Zafón, ahí es nada.
El autor de "La sombra del viento", que ya ha debido perder la cuenta de los libros que ha vendido, de los países en los que ha triunfado y de los idiomas a lo que le han traducido, ha dicho claramente que este es un tema "de comisariado político más que de literatura o cultura", y pone así el dedo en la llaga. Ese es el quid de la cuestión. Que todavía hay demasiada gente intentando hacer política de la mano del idioma y de las letras.

Conocí a Ruiz Zafón en una cena en casa de Antonia Kerrigan la víspera de la concesión del Premio Planeta. Fue para mí una velada delirante, pues el pánico a lo que podía o no ocurrir la noche siguiente me había cerrado el estómago, la voz y las entendederas, y el único momento relajado de aquella reunión fue aquel en el que Carlos nos contó sus aventuras y desventuras con las obras que estaba haciendo en su nueva casa de Barcelona. Ahí el escritor de éxito estratosférico se me reveló también como un excelente narrador oral. Me reí con ganas por primera - y última - vez en un puñado de horas. Hay quien no quiere que Ruiz Zafón vaya a Frankfurt. Hace faltar ser lerdo.

Desde la ventana

Ayer por la noche tardé mucho en acostarme. Hacía calor, no tenía sueño. Me tumbé a leer en el sofá. Fuera, en la plaza, había mucha gente. Gente hablando, riéndose. Algunos amigos me dicen si la casa no resulta demasiado ruidosa. A mí no me lo parece. Me gusta escuchar el murmullo que viene desde abajo. Es como si hubiese una ración extra de vida bullendo a sólo unos metros del salón. Me gusta esta casa. Me gusta que haya tanta gente en la plaza en las noches de verano. Esta mañana me desperté muerta de sueño. Tengo que adquirir la costumbre de no trasnochar.

lunes 11 de junio de 2007

Junio sigue

Se acabó la Feria del Libro. Fue una buena experiencia, con muchas firmas - más de las que esperaba - y gratos encuentros con los lectores. Ayer vino a comprar "En tiempo de prodigios" un lector ciego. Le habían leído otra novela mía. Me propone pasar mis libros a braille, y ya le he dicho que sí. Me dio la mano al marcharse. Un apretón firme, seco. Me gusta estrechar manos así. No soporto a esas personas que dejan la mano blanda, como muerta. Es como agarrar gelatina.
Tengo muchas gestiones que hacer. Y, sobre todo, tengo que empezar una nueva novela, pero estos días son malos: demasiadas llamadas, demasiadas citas profesionales o no. Julio puede ser un buen mes. Pero en septiembre la cosa tiene que estar iniciada.
Fernando Marías me regala por mi cumpleaños una caja de música con la melodía de "My way", y una carta emocionante que he guardado junto a mis libros.

jueves 7 de junio de 2007

El día después

Hace calor en Madrid, y se acaba la Feria del Libro, que es algo así como decir que empieza el verano. Este fin de semana tengo cuatro o cinco firmas: la mejor oportunidad para tomar contacto con el lector. Es curioso que a algunos se muestran tímidos a la hora de acercarse o de expresar una felicitación. No se dan cuenta que los únicos elogios que recibimos vienen de los lectores. Ya se preocupan los críticos de darnos palos.
Me escribe desde Filadelfia mi amiga Joanna. Viene a Madrid la semana próxima. Bendito mail que me permite estar en contacto con algunas de mis personas más queridas.
El libro de Miriam Toews, muy bien.
Tengo que empezar a escribir ya.

miércoles 6 de junio de 2007

La primera vez

Bueno, esta es mi primera incursión en la galaxia blogera (¿o se escribe bloguera?). Siento - creo que por prmera vez en la vida - la presión de la pantalla en blanco. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? ¿Sobre qué debería escribir?
Acabo de cumplir los treinta y siete. Lo digo por si algún día me vuelvo idiota y empiezo a ocultar mi edad. Entonces bastará con contar el tiempo transcurrido a partir de hoy para saber cuántos años tengo. Acabo de cumplir los treinta y siete y, aunque nadie se lo cree, me da exactamente igual tener una edad que otra.
ETA rompió ayer la tregua. O eso dicen ellos. ¿Y que fue el bombazo de la T4 y los dos muertos? ¿La hora del recreo? La tregua se rompió aquel día, en plenas Navidades. Mi querido Félix Bayón, que se me fue hace algo más de un año, nunca confió en la dichosa tregua. De eso hablamos la última vez que hablamos. Que rápido pasa el tiempo. Que rápido se quiebra todo.
Hoy tengo que hacer muchas cosas. Quiero escribir - mi nueva novela lleva en la cabeza demasiado tiempo, y reclama su sitio en un archivo de word - y voy a empezar a leer "En las nubes" de Ian McEwan. Dicen que su última novela es lo mejor que ha escrito, y le pregunto a Jorge Herralde cuándo la va a publicar. Me dice que tendré que esperar hasta enero o febrero y, gentilmente, me ofrece enviarme las galeradas en cuanto las tenga listas.
A Herralde le conocí hace unas semanas en Valladolid, después de años de admirar su trabajo como editor y rescatador de grandisimos títulos de literatura en otros idiomas. Resulta que además es simpático, brillante, divertidísimo. Me ha enviado la novela de Miriam Toews "Complicada Bondad"para "contener mis ansias lectoras" hasta la llegada de la de McEwan.
Esta es mi primera incursión en la galaxia blogera. Resulta que, al final, sí he sabido sobre qué escribir.